Amar el mar
y la tormenta que ruge lejos
sobre el océano desierto.
El alma se jacta
de algo que quedó atrás,
y una noche más,
intento hacerme viejo
resistiendo el viento.
Vano intento, pero intento al menos.
Aprendo siempre que es mejor
que todo llegue en su momento.
Aunque los surcos de la edad
recorran ya,
los caminos de la cara,
la juventud es algo eterno,
no sentir el tiempo,
renacer,
a veces olvidar
la memoria y la mente,
y ser ente sin lamentos.
Aunque acabe el estío,
y haga frío.
Nada es eterno.
Bailar con sombras,
jugar con fuego.
Amar el mar,
y el viento luego.
Amar al mundo
la noche viva,la vida misma,
flujo continuo
de posibilidad.
Y la tormenta ruge,
no tan lejos,
y tengo miedo.
Pero me sumerjo dentro,
y encuentro al fondo
el silencio,
en la oscuridad
de este océano inmenso,
y en el silencio,
la verdad.
(18/10/12)
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