Amar el mar
y la tormenta que ruge lejos
sobre el océano desierto.
El alma se jacta
de algo que quedó atrás,
y una noche más,
intento hacerme viejo
resistiendo el viento.
Vano intento, pero intento al menos.
Aprendo siempre que es mejor
que todo llegue en su momento.
Aunque los surcos de la edad
recorran ya,
los caminos de la cara,
la juventud es algo eterno,
no sentir el tiempo,
renacer,
a veces olvidar
la memoria y la mente,
y ser ente sin lamentos.
Aunque acabe el estío,
y haga frío.
Nada es eterno.
Bailar con sombras,
jugar con fuego.
Amar el mar,
y el viento luego.
Amar al mundo
la noche viva,la vida misma,
flujo continuo
de posibilidad.
Y la tormenta ruge,
no tan lejos,
y tengo miedo.
Pero me sumerjo dentro,
y encuentro al fondo
el silencio,
en la oscuridad
de este océano inmenso,
y en el silencio,
la verdad.
(18/10/12)
lunes, 3 de diciembre de 2012
A los días raros... por no ser malos.
Hoy, no encuentro palabras
que definan nada,
ni charla que me consuele o satisfaga.
Hoy, las palabras me atraviesan
como lanzas,
se abre una brecha,
que se desgarra más y más,
cada vez más larga,
y debajo, la piel lacerada.
Hoy, no encuentro motivos
para seguir con esta vida,
ni tiene sentido la misma.
Hoy,
ya no quiero ser pirata,
no tengo ni un rato, ni una rata,
ni fuerzas para sujetar la guitarra,
o para cantar.
No tengo voz para nada,
ni mente para pensar,
imaginación para las hadas,
ni sensación de intimidad.
Hoy, y no mañana,
hoy y no ayer,
soy lo que soy,
lo que sea,
pero no se qué.
¿Pequeña, grande, vieja, joven?
¿Una santa cara, una puta barata, o al revés?
¿Deprimida gratuita, o alma herida?
¿Seré tonta, lista?
¿Buena, mala?
¿Amarilla, caqui, rosa, blanca?
¿Consumidora? ¿Consumadora?
¿Consumista? ¿Comunista?
¿Creo en la utopía?
¿Vivo aquí y ahora?
¿Por qué me pesa el pasado y el futuro me ahoga?
¿Se me puede catalogar, así sin más?
¿Soy un caso de manual?
Hoy, empieza ya a darme igual
qué ser, y que será,
así que más vivir, y menos pensar.
(21/11/12)
(¡Capicúa!)
que definan nada,
ni charla que me consuele o satisfaga.
Hoy, las palabras me atraviesan
como lanzas,
se abre una brecha,
que se desgarra más y más,
cada vez más larga,
y debajo, la piel lacerada.
Hoy, no encuentro motivos
para seguir con esta vida,
ni tiene sentido la misma.
Hoy,
ya no quiero ser pirata,
no tengo ni un rato, ni una rata,
ni fuerzas para sujetar la guitarra,
o para cantar.
No tengo voz para nada,
ni mente para pensar,
imaginación para las hadas,
ni sensación de intimidad.
Hoy, y no mañana,
hoy y no ayer,
soy lo que soy,
lo que sea,
pero no se qué.
¿Pequeña, grande, vieja, joven?
¿Una santa cara, una puta barata, o al revés?
¿Deprimida gratuita, o alma herida?
¿Seré tonta, lista?
¿Buena, mala?
¿Amarilla, caqui, rosa, blanca?
¿Consumidora? ¿Consumadora?
¿Consumista? ¿Comunista?
¿Creo en la utopía?
¿Vivo aquí y ahora?
¿Por qué me pesa el pasado y el futuro me ahoga?
¿Se me puede catalogar, así sin más?
¿Soy un caso de manual?
Hoy, empieza ya a darme igual
qué ser, y que será,
así que más vivir, y menos pensar.
(21/11/12)
(¡Capicúa!)
El País de los Ciegos. Cap. 2
En las largas noches, perdidos en la más absoluta oscuridad, entre el cielo y el suelo, se mueven silenciosas criaturas. En esta penumbra, a veces se alcanza a ver el destello violáceo del interior de sus ojos, que reflejan el más mínimo hálito de luz perdida en el camino, y que evidencian el hecho del acecho y disparan hasta el más olvidado de los instintos…
Antes de seguir, quisiera hablar un poco de la repercusión de estos hallazgos que relato.
A nivel personal, me encuentro en una constante fascinación, bien por las crónicas del viaje y toda la documentación, bien porque me encuentro cuestionando todo y divagando en mi imaginación sobre las cosas que aún no sabemos sobre estas gentes. Tengo imágenes constantes de todo el cuadro y también la seguridad de que todo estará alejado de cualquier realidad. Experimento las sensaciones con gran intensidad y últimamente tengo problemas para conciliar el sueño, y cuando consigo dormir sueño diferentes escenarios y situaciones de encuentro. A pesar de todo esto me encantaría vivir un encuentro amistoso con ellos.
Por otra parte tras las publicaciones, muchos se muestran escépticos y opinan que todo esto son locuras de alguien con mucha creatividad y afán de protagonismo. Su argumento es que nunca nadie ha vuelto de un viaje tan largo, y que no les bastan palabras, dibujos o pequeños objetos extraños que podría haber fabricado con sus propias manos.
Reclaman algo como un encuentro y se disparan muchos más debates sobre cómo resolverlo, ya que por ejemplo, la distancia comunicativa podría ser y/o será un problema, se sienten extremadamente inseguros ante tales incertidumbres y unos pocos van desarrollando un discurso más y más agresivo. Algunos se muestran evasivos o defensivos ante estas dudas. Los más jóvenes, por supuesto, están deseando conocer todo aquello sobre lo que se les está hablando estos días. Ya juegan a ser ciegos. Ellos, mucho antes ya imaginaban a los habitantes de otros astros y planetas, esto solo afirma sus lúdicas teorías.
Creo que a partir de aquí será mucho más práctico que transcriba los originales, ya que es información mucho más fresca, más directa, más fiel…
"En la cabaña central.
Ayer por la tarde tras el primer y largo encuentro con los ciegos, me dirigieron con suavidad firme hacia la gran cabaña central de este lugar. Allí había pocas ventanas y poca luz, y debo reconocer que me inquietó un poco la sensación de indefensión al principio, casi se hace con mis nervios, pero la candidez de mis anfitriones pronto me hizo relajarme. Al principio todo el contacto físico me resultó bastante incómodo y nuevo, pero poco a poco me sobresalto menos y agradezco más la mano amiga que me agarra y me guía, o que se posa en mi hombro sin más.
Esta cabaña, por llamarla de algún modo, de cerca es mucho más sólida de lo que puede aparentar, también mucho más grande. Parece una zona común, quizás por la planta circular y el techo en cúpula, la acústica es espectacular y casi todos los sonidos cruzan la estancia con una gran claridad. Me encantaría ver cómo construyen aquí.
La sala se llenó bastante. y todos hacían sus respectivos sonidos ordenadamente, supongo que tenían una discusión y supongo que sobre mí. A veces muchos reaccionaban con gran estruendo ante alguna intervención y otro emitía un gran ruido que hacía el silencio de todos. Yo vacilaba entre la sensación de ego infantil y tranquilo, quizás por la falta absoluta de control en la situación, y de pudor absoluto al sentirme tal objeto de observación.
Tras un momento eterno, con la noche ya sobre nosotros, muchos se fueron y pude ver un fuego que ardía en el centro, sobre una pequeña construcción de piedra. Casi todos los que se quedaron eran o muy jóvenes o muy ancianos. Repartían unos lechos que estaban apilados y se tumbaban en grandes grupos. Todos con sus tobilleras llenas de cascabeles. Bajo las mantas apenas hacían ruido y de la zona infantil llegaban tintineos casi mudos cuando rebuscaban sus posturas, inquietos.
Pude atisbar la abrumadora oscuridad que había a través de las ventanas y sentí una tremenda gratitud por aquel fuego. Me trajeron una tobillera con cascabeles y me tocaron el pie. Yo me la puse en seguida. Sospecho que es una medida de seguridad en general, tanto para el que lo lleva como para ellos, en este caso.
Siempre había alguien cerca de mí, de mediana edad, que seguía de vez en cuando mis pasos y acudía cuando me alejaba. En un momento dado, me ayudó, todavía no sé cómo, a encontrar las letrinas, que estaban fuera pero cerca. Al principio me sentí incapaz de hacer uso de ellas, ya que era un solo espacio común para todos y sentí mucho reparo hasta que la necesidad superó cualquier dilema moral. Eran una fila de losetas en el suelo, cada una tenía una serie de agujeros en ella, estaban junto a una pared con grandes asideros. Cerca siempre había cubetas con agua que se utilizaban para ayudar a los excrementos a pasar por los agujeros.
El techo, separado de los muros, permitía llegar la luz llega de las lunas y las estrellas, así como aire fresco que aligerase aquel aire espeso. En futuras ocasiones procuraré no tener que depender de la luz natural de la noche, pues me ha supuesto todo un reto.
Supongo que si hubiera intentado alejarme no me lo habrían permitido, pero el cansancio y el miedo a esa oscuridad aplastante de fuera pudieron con mi curiosidad. De todas formas, dentro tampoco pude satisfacerla porque el ruido de mis cascabeles despertaba a todos y en seguida mi centinela se acercó con dos colchones y mantas y los extendió juntos. Se recostó y esperó a que yo hiciera lo mismo para terminar su acción.
Creo que tardé horas en conseguir dormir, pero el largo viaje, la intensidad de mis emociones ese día, al final se cobraron mis fuerzas y caí en un sueño profundo y lleno de delirios.
Soñé primero que era ciego, con el agujero de los sonidos, encima mi nariz diminuta, mi ojo atrofiado y esos largos pelos. Ese cuerpo en nada se parecía a mí pero yo sentía esa certeza de identidad de los sueños. Esta vez si entendía esos sonidos y tenía conversaciones de lo más variopintas con mis vecinos. Sin embargo me he dado cuenta de que recuerdo esto en imágenes y desde fuera de mi propio cuerpo… Lo cual me hace pensar en cómo soñarán los ciegos y si hay algún tipo de imagen que cruce sus mentes alguna vez.
Soñé también que tras la ventana aparecían dos puntos que reflejaban la noche durante un segundo y desaparecían de nuevo, y recuerdo vívidamente la sensación de miedo en el pecho cuando pienso en ello.
Hoy al despertar, ni mi "acompañante" ni su lecho estaban ahí. Hay cierto ajetreo a mi alrededor pero apenas, casi todo llega desde fuera, la luz de la mañana atraviesa las ventanas y me permite ver la textura de las paredes, que ahora puedo apreciar con detalle. Surcos diversos dibujan mosaicos irregulares en las paredes. Me he acercado a tocar la pared y algunas zonas, más desgastadas, tienen un tacto muy interesante, que me he dedicado a seguir con los dedos durante un buen trecho de pared.
Me resulta curioso cómo parece que quiera entrar la luz en todas partes, cuando yo ahora mismo solo quiero salir de aquí y ver que trae este día. "
Antes de seguir, quisiera hablar un poco de la repercusión de estos hallazgos que relato.
A nivel personal, me encuentro en una constante fascinación, bien por las crónicas del viaje y toda la documentación, bien porque me encuentro cuestionando todo y divagando en mi imaginación sobre las cosas que aún no sabemos sobre estas gentes. Tengo imágenes constantes de todo el cuadro y también la seguridad de que todo estará alejado de cualquier realidad. Experimento las sensaciones con gran intensidad y últimamente tengo problemas para conciliar el sueño, y cuando consigo dormir sueño diferentes escenarios y situaciones de encuentro. A pesar de todo esto me encantaría vivir un encuentro amistoso con ellos.
Por otra parte tras las publicaciones, muchos se muestran escépticos y opinan que todo esto son locuras de alguien con mucha creatividad y afán de protagonismo. Su argumento es que nunca nadie ha vuelto de un viaje tan largo, y que no les bastan palabras, dibujos o pequeños objetos extraños que podría haber fabricado con sus propias manos.
Reclaman algo como un encuentro y se disparan muchos más debates sobre cómo resolverlo, ya que por ejemplo, la distancia comunicativa podría ser y/o será un problema, se sienten extremadamente inseguros ante tales incertidumbres y unos pocos van desarrollando un discurso más y más agresivo. Algunos se muestran evasivos o defensivos ante estas dudas. Los más jóvenes, por supuesto, están deseando conocer todo aquello sobre lo que se les está hablando estos días. Ya juegan a ser ciegos. Ellos, mucho antes ya imaginaban a los habitantes de otros astros y planetas, esto solo afirma sus lúdicas teorías.
Creo que a partir de aquí será mucho más práctico que transcriba los originales, ya que es información mucho más fresca, más directa, más fiel…
"En la cabaña central.
Ayer por la tarde tras el primer y largo encuentro con los ciegos, me dirigieron con suavidad firme hacia la gran cabaña central de este lugar. Allí había pocas ventanas y poca luz, y debo reconocer que me inquietó un poco la sensación de indefensión al principio, casi se hace con mis nervios, pero la candidez de mis anfitriones pronto me hizo relajarme. Al principio todo el contacto físico me resultó bastante incómodo y nuevo, pero poco a poco me sobresalto menos y agradezco más la mano amiga que me agarra y me guía, o que se posa en mi hombro sin más.
Esta cabaña, por llamarla de algún modo, de cerca es mucho más sólida de lo que puede aparentar, también mucho más grande. Parece una zona común, quizás por la planta circular y el techo en cúpula, la acústica es espectacular y casi todos los sonidos cruzan la estancia con una gran claridad. Me encantaría ver cómo construyen aquí.
La sala se llenó bastante. y todos hacían sus respectivos sonidos ordenadamente, supongo que tenían una discusión y supongo que sobre mí. A veces muchos reaccionaban con gran estruendo ante alguna intervención y otro emitía un gran ruido que hacía el silencio de todos. Yo vacilaba entre la sensación de ego infantil y tranquilo, quizás por la falta absoluta de control en la situación, y de pudor absoluto al sentirme tal objeto de observación.
Tras un momento eterno, con la noche ya sobre nosotros, muchos se fueron y pude ver un fuego que ardía en el centro, sobre una pequeña construcción de piedra. Casi todos los que se quedaron eran o muy jóvenes o muy ancianos. Repartían unos lechos que estaban apilados y se tumbaban en grandes grupos. Todos con sus tobilleras llenas de cascabeles. Bajo las mantas apenas hacían ruido y de la zona infantil llegaban tintineos casi mudos cuando rebuscaban sus posturas, inquietos.
Pude atisbar la abrumadora oscuridad que había a través de las ventanas y sentí una tremenda gratitud por aquel fuego. Me trajeron una tobillera con cascabeles y me tocaron el pie. Yo me la puse en seguida. Sospecho que es una medida de seguridad en general, tanto para el que lo lleva como para ellos, en este caso.
Siempre había alguien cerca de mí, de mediana edad, que seguía de vez en cuando mis pasos y acudía cuando me alejaba. En un momento dado, me ayudó, todavía no sé cómo, a encontrar las letrinas, que estaban fuera pero cerca. Al principio me sentí incapaz de hacer uso de ellas, ya que era un solo espacio común para todos y sentí mucho reparo hasta que la necesidad superó cualquier dilema moral. Eran una fila de losetas en el suelo, cada una tenía una serie de agujeros en ella, estaban junto a una pared con grandes asideros. Cerca siempre había cubetas con agua que se utilizaban para ayudar a los excrementos a pasar por los agujeros.
El techo, separado de los muros, permitía llegar la luz llega de las lunas y las estrellas, así como aire fresco que aligerase aquel aire espeso. En futuras ocasiones procuraré no tener que depender de la luz natural de la noche, pues me ha supuesto todo un reto.
Supongo que si hubiera intentado alejarme no me lo habrían permitido, pero el cansancio y el miedo a esa oscuridad aplastante de fuera pudieron con mi curiosidad. De todas formas, dentro tampoco pude satisfacerla porque el ruido de mis cascabeles despertaba a todos y en seguida mi centinela se acercó con dos colchones y mantas y los extendió juntos. Se recostó y esperó a que yo hiciera lo mismo para terminar su acción.
Creo que tardé horas en conseguir dormir, pero el largo viaje, la intensidad de mis emociones ese día, al final se cobraron mis fuerzas y caí en un sueño profundo y lleno de delirios.
Soñé primero que era ciego, con el agujero de los sonidos, encima mi nariz diminuta, mi ojo atrofiado y esos largos pelos. Ese cuerpo en nada se parecía a mí pero yo sentía esa certeza de identidad de los sueños. Esta vez si entendía esos sonidos y tenía conversaciones de lo más variopintas con mis vecinos. Sin embargo me he dado cuenta de que recuerdo esto en imágenes y desde fuera de mi propio cuerpo… Lo cual me hace pensar en cómo soñarán los ciegos y si hay algún tipo de imagen que cruce sus mentes alguna vez.
Soñé también que tras la ventana aparecían dos puntos que reflejaban la noche durante un segundo y desaparecían de nuevo, y recuerdo vívidamente la sensación de miedo en el pecho cuando pienso en ello.
Hoy al despertar, ni mi "acompañante" ni su lecho estaban ahí. Hay cierto ajetreo a mi alrededor pero apenas, casi todo llega desde fuera, la luz de la mañana atraviesa las ventanas y me permite ver la textura de las paredes, que ahora puedo apreciar con detalle. Surcos diversos dibujan mosaicos irregulares en las paredes. Me he acercado a tocar la pared y algunas zonas, más desgastadas, tienen un tacto muy interesante, que me he dedicado a seguir con los dedos durante un buen trecho de pared.
Me resulta curioso cómo parece que quiera entrar la luz en todas partes, cuando yo ahora mismo solo quiero salir de aquí y ver que trae este día. "
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