miércoles, 26 de septiembre de 2012

El País de los Ciegos. Cap.1


Capítulo 1. 

Existió, en una dimensión retorcida, un tremendo mundo lleno de seres diversos, de los cuales muchos se desconocían entre sí. No obstante, nunca faltaron conjeturas sobre otros horizontes o mitos creados por las mentes más inquietas.

El lugar que habito es maravilloso, podría escribir durante horas sobre ello y sé que nunca conseguiré expresar con palabras todo lo que siento.
No hace mucho, alguien conocido volvió de un largo viaje, en el que encontró lugares de lo más extraños. Esto de todas formas es algo habitual pues se dedica a eso mismo, explora los rincones de este mundo en busca de nuevas especies y otras culturas.

Contó que en su exitoso viaje, encontró una ciudad, familiar en la lejanía, de aspecto civilizado, pero de alguna manera diferente de todo lo que conocía. La disposición de sus edificios era concéntrica, con una especie de cabaña enorme en el centro.
 Todas las estructuras tenían una altura reducida y una forma algo irregular. Un batiburrillo de sonidos alborotados, pero acompasados de algún modo, envolvía todo el lugar. Al acercarse se podían distinguir algunos sonidos más monótonos y otros más aleatorios y diversos, aunque si se prestaba atención podía intuirse cierta organización. Pero era difícil deducir la procedencia de algunos de aquellos sonidos tan raros.
Una vez dentro pudo observar a los habitantes del lugar, tan obviamente similares como diferentes.

 Iban casi completamente desnudos, algunos llevaban telas a modo de falda. Del cuerpo brotaban unos cuantos pelos largos, parecidos a los bigotes de un gato a gran escala, que rozaban con todo lo que les rodeaba. Los que iban en grupos guardaban siempre un contacto físico y los que iban solos caminaban en filas pegadas a las paredes, acariciando una barra que variaba sus alturas y recorría casi todos los muros visibles.

Tenían dos piernas, dos brazos largos, una cabeza, todo asidos a un tronco corvado. La cara sin embargo no era como las nuestras, sino que dónde contaríamos con un par de ojos, tenían algo en el centro de la frente, con una textura que incluiría las ideas "oreja" y  "ojo cerrado con fuerza". Desde luego eso no inspiraba funcionalidad alguna.
También observó la fuente de esos sonidos especiales, que era una cavidad bajo la minúscula nariz, un corte  horizontal cuyas partes oscilaban, modulando de alguna forma lo que de esto manaba. Todo desencadenaba  una serie de respuestas y acciones, con lo cual fue fácil deducir y corroborar que era una forma de comunicarse.

Hasta este punto de la historia yo nunca me habría planteado ciertas cosas y tras mi primer contacto con ella mi mente bullía de curiosidad e imaginación. Casi con seguridad sé que todas las mentes de por aquí lo hacían. Yo tengo ojos y no puedo imaginar siquiera cómo y qué será ese órgano y ese sonido. Debajo de mi nariz no hay nada. Aquí nos comunicamos bailando, haciendo sonidos con las manos y el cuerpo, y un sistema más complejo de simbología manual y escritura también, que publicamos y compartimos constantemente. Así que aunque tenemos oídos vivimos entre cierto silencio.

El caso es que allí, interactuar y hacerse entender por esas gentes fue todo un reto. Ya desde lejos percibían su presencia, debido a diversas "trampas sonoras" imposibles de esquivar. Pero se acercaron curiosos y satisficieron su curiosidad palpando y oliendo. Expresaron cosas entre ellos y más tarde tras contemplar la pasividad pacífica de su visitante le llevaron suavemente hacia la cabaña central.

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